El verdadero sacudón

Hoy cargo un nudo en la garganta, un nudo tricolor siete estrellado –porque la octava estrella no me la calo, como tampoco me calo tanta aberración y abominación patriótica por el reciente “Chávez nuestro” que me asquea, me dan ganas de vomitar como la protagonista del film “El Exorcista”–, un nudo en la garganta que no es por emotividad ni tristeza, sino que obedece a la mera arre……ra que llevamos en el pecho todos los venezolanos dignos, los que no nos vendemos por un carguito, los que con la frente en alto afirmamos que al único ante el cual nos arrodillamos (y arrodillaremos siempre) es ante el DIOS verdadero que SI VIVE; en definitiva, menos mal que es Él, el DIOS de los cielos y la tierra, el Creador del universo entero, el único soberano, un DIOS tardo para la ira, amoroso y paciente, pero a la vez celoso de su pueblo e indispuesto a compartir Su Gloria con NINGÚN hombre… Menos mal que no somos DIOS porque ante tanto mal tan repudiable que ha sembrado la aberrante idolatría simplemente actuaríamos de modo reactivo y no proactivo.

Muchos afectos al gobierno –e incluso para asombro de otros tantos, gente que no lo es– dicen que las guarimbas destruyen las calles, que las trancas impiden a los comerciantes trabajar y llevar comida a sus casas, que con estas situaciones de protestas protagonizadas por los estudiantes, lo que hacen es retrasar sus graduaciones… Por obvias razones, argumentos como estos me llevan a preguntarme tantas cosas, aunque muchas de éstas, sin respuestas claro está, pues no se los puedo preguntar a ellos, ya que en un estado de introspección donde los gritos sólo se oyen en el silencio, no hay caras concretas cuando de hacer estas preguntas se trata; menos valientes que respondan, porque resulta que el asunto es con todos y a la vez con nadie, dada la indolencia, la intolerancia, la crítica inútil, la destrucción implacable que sucede hasta “en las mejores familias” que son, meras muestras, minúsculas muestras de lo mal que estamos como sociedad, de lo alejados que vivimos de Dios, de lo rotos y fraccionados que estamos como “unidad” y de lo irremediable que humanamente esto resulta… Los núcleos familiares se han perdido como quien pierde la vida que por demás está decirlo, ¡es una sola! ya que hay quienes defienden lo indefendible…

Pero eso ya es otro tema del cual hasta podría escribir un libro… En fin, volvamos al meollo: ¿es que acaso esa gente que critica las guarimbas no piensa en la destrucción moral, psíquica y hasta física de la gente de a pie que no puede (y me incluyo) andar libremente en las calles porque tenemos casa por cárcel? Porque a todas luces vemos que de un 100%, ¡mínimo un 95% ha sido atracado, robado o violado! Somos uno de los países más violentos de toda Latinoamérica, por no decir el primero.

¿Por qué antes de criticar el ímpetu de estos jóvenes por salir a la calle a defender la libertad de expresión, de pensamiento y de libre tránsito, no piensan que ya, siendo tan jóvenes se sienten presos en un pobre país rico? ¿Por qué no pensar que en sus mentes corre como torrente sanguíneo full de adrenalina la idea de “valdrá la pena graduarme en un país que no me ofrece oportunidades para desarrollarme profesionalmente”?

¿Por qué critican a quienes en su desesperación y hastío deciden emigrar del país huyéndole a la escasez, a la impunidad, a la violación de los derechos humanos, y en fin, a tanto desastre que este gobierno paupérrimo carente de vergüenza y sin ápice de ganas de solucionar tantos males sociales nos está restregando en cara, untándolo además con estiércol?

¿Qué opinión les merecen los sueldos miserables, los apagones que dañan equipos sin derecho a réplica, o la pobreza extrema? ¿Por qué demonios no piensan que los gobierneros, los politiqueros son tan descarados que tipo bandera –a los ojos de todos– desfalcan, roban, cambian de puestos o cargos públicos como quien juega al juego infantil de la sillita y encima de eso amenazan, encarcelan y persiguen a quienes piensan distinto a ellos? ¡A eso es a lo cual el burro mayor llama sacudón!

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¿Qué les parece la belleza de saber a los ladrones de cuello rojo-rojito andando en vehículos blindados y con decenas de escoltas mientras a un trabajador taxista honesto le arrebatan su carro y casi la vida, y no hay castigo para los malechores ni respuestas para el carro desaparecido? Como si fuese una pinza de cejas o un cortauñas pues, desaparecido por arte de magia… ¿O más bien debo decir, por arte de plagio? Porque “eso si te tienen ellos”, son los más artistas, los más expertos en robar y legalizar lo ilegal, en armar a los delincuentes y soltarlos a la calle para seguir sembrando miedo y obligándonos a vivir encerrados mientras ellos son aupados por la delincuencia de sus “líderes”.

Bendito sea el Creador: ¡ABRAN LOS OJOS! ¡Esto no es un gobierno! ¡Es un morboso régimen dictador tan parecido al de Hitler, que nos quiere ver aniquilados tal como ese dictador aniquiló a miles de judíos…! ¡Un maldito régimen que ya en Cuba lleva 54 años, país desde donde los asesores del finado y del ahora títere que no rebuzna por no hacer el escándalo, están haciendo lo que les da la gana! Este régimen de patraña, este que es uno de la peor calaña, buscó premeditada y alevosamente dividir al pueblo venezolano para lograr su cometido: ¡triunfar con el Socialismo del Siglo 21 en el que –y los cito– “los más leales son los más pobres”…! ¿Para pensar no? Los cito de nuevo, “los más leales son los más pobres”… Este des-gobierno tan descarado al cual no le interesa en lo más mínimo mejorar esos grados de pobreza que han incrementado durante 16 aciagos años y que es tan pero tan atroz, negocia con el hambre de un pueblo que ya no se si es noble o es pendejo…

Si en la cúpula gubernamental venezolana tanto pregonan la igualdad socialista, esa por la cual se dan golpes de pecho, ¿por qué diantres no buscan igualdad hacia arriba en lo económico, en lo político y en lo social? Al fin y al cabo esa debería ser su labor como servidores públicos pero ¡no!, ni fueron, ni son, ni serán servidores públicos; es más, nunca servirán para serlo porque procuran la igualdad (y eso si que lo han hecho destacadamente bien) pero lo hacen apuntando hacia abajo, hacia el detrimento en todos los aspectos del país! ¡Amorales de doble discurso! ¡Fatuos, viles, bajos, sucios, inicuos, indecentes, malnacidos…! ¡Eso es lo que son! Y les puedo asegurar que me quedo corta con los epítetos.

Si no hacemos nada, la situación cada vez se pondrá peor, mucho peor… ¡Dejemos de criticar y vayámonos a la acción! Si conoce venezolanos a los que se les pegue la gana irse, déjelos que se vayan sin andar despotricando su decisión, porque cada cual tiene derecho de tomar la que mejor le parezca, porque para eso DIOS nos dio libre albedrío a toditos y porque sencillamente, si tienen la oportunidad y los medios, ¿para qué seguirse calando esta incertidumbre de “patria” que nos han dejado los malos gobernantes? ¿Con qué derecho se juzga a una madre o a un padre que quieren un mejor futuro para sus hijos? Déjelos que se vayan, y permítales también sufrir por este país desde el exilio, porque en la cédula, tal como lo expresó la actriz Gledys Ibarra dice “ve-ne-zo-la-no”. Por el otro lado del asunto al que yo, en mi limitado entendimiento sólo le veo dos caras, si observa usted que otro grupo de venezolanos decide hacer guarimba, ¡déjelos hacer su guarimba en paz! Es más, en lo posible, ¡ayúdelos! ¿Cómo? Saque los macundales arrumados que tiene ocupando espacios en su casa y agarrando polvo en los rincones, despensas o depósitos de su hogar, ¡deles material pa’ guarimbear! A fin de cuentas, la guarimba es una acción NO violenta si se hace como se debe, porque no se trata de defender trincheras o dárselas de gallito de pelea, se trata de montar barricadas y refugiarse para evitar confrontaciones con los que tienen las armas, títeres de aquellos que desean aniquilarnos.

No nos están quedando más que estas dos opciones, dos caras de una misma moneda (devaluada por demás si se habla del Bolívar): o trancamos a un país que ya de por sí está más que tranca’o pues vive la peor estanflación del planeta, o nos vamos pal coñ…… porque de aquí a que esto se arregle pasarán muchas pero muchas décadas y yo, la verdad no estoy dispuesta a sentarme en una acera como muchos viejitos de Cuba, que han esperado a que el régimen de los Castro, ese que también gobierna en Venezuela, en algún momento caiga.

Sea como sea, estoy convencida que vayamos donde vayamos, todos los venezolanos decentes siempre diremos como esta frase de una gaita de otrora…

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Y hasta aquí me trajo el río por hoy… Bastante sacudida por tan aludida que estoy, ¡como sé que estamos muchos! Bastante aturdida porque la realidad no deja de ser lo que es, aunque seamos luchadores, trabajadores y muy capaces. Me despido con este video donde Carla Angola entrevista a Laureano Márquez, un intelectual que a través de la comedia nos alimenta el alma, aunque debo decirlo, en este video, habla muy serio, lo cual indica cuán grave es la situación de este país… ¡Ojalá DIOS permita que pronto nos podamos sacudir a tanto ladrón de cuello rojo!

Anhelo despedirme

Para nadie es un secreto que Venezuela se ha convertido en el más grande exportador de venezolanos: estamos regados, andamos muy dispersos por la geografía mundial. Países como USA, Panamá, Canadá, Australia, Londres, Ámsterdam, Chile, Argentina, Costa Rica y muchísimos más, tienen algún portador del tricolor siete-estrellado, hoy con 8 estrellas gracias al afán que un caudillo ególatra tuvo por hacer historia. Todos estos cientos o miles de hermanos venezolanos auto-exiliados se fueron con la conciencia plena que a donde iban no pueden –o no deben– andar con juegos ni perdedera de tiempo (por lo menos los que son hombres y mujeres de buena voluntad), y un corazón que dejaron arraigado de este lado del planeta porque tuvieron que dejar atrás vínculos afectivos para aventurarse a la apertura de oportunidades que acá nos quitaron, opciones que a quemarropa nos matan, segundo a segundo. El éxodo del venezolano es ya casi un asunto tan común como la abrumadora escasez de este pobre país rico; emigrar se nos ha vuelto tan frecuente y tan urgente como huir súbitamente de las garras de un delincuente.

Las despedidas son el pan nuestro de cada día… Solemos escuchar en cualquier reunión, cola bancaria o filas de las que tanto se forman en cualquier parte del país “se fue fulano, se va sutano; mengano anda buscando boletos aéreos como loco, perencejo ya tiene 5 años fuera, ¿no sabías?…”; esas frases son tan reiterativas que ya parecen reproductor con auto-play indefinido, y cuando las oímos consistentemente muchos nos preguntamos ¿cuando es que me podré ir yo de esta caimanera de patria?, y no porque el país no sirva; es que los que deberían servir, no sirven y se sirven ambiciosa y despiadadamente de esta patria sin mostrar un ápice de culpabilidad por dejarla hecha harapos.

Anhelo despedirme no sólo comunica lo obvio: aquello en lo que hemos convertido el grueso de nuestras conversaciones, esto a lo que nos enfrentamos en el cotidiano por tantos que se nos han mudado de nación y por aquellos que aún estamos aquí, no precisamente por valientes sino por resilientes y, seamos honestos, porque la resiliencia activada que nos brilla radica en esta verdad: la gran mayoría estamos sin recursos para poder largarnos de aquí.

Anhelo despedirme, más de dos simples palabras que esbozan la realidad de muchos profesionales preparados, con ansias de echar pa’lante y talento pa’tirar pal’techo, porque en Venezuela estamos full de gente con este perfil. Yo por mi parte deseo (y no voy a cantar el popular cumpleaños feliz aunque así lo parezca), despedir unas cuantas cosas de mi vida y del último respiro de este país… Anhelo despedirme de todo aquello que como ciudadana de una nación usada y convenientemente olvidada por los países que le han extraído la sangre en el mejor estilo de las sanguijuelas más potentes, hoy día se ha vuelto colonia del tercermundismo cubano. Y ojo, no tengo nada en contra de Cuba o de sus habitantes a los que, por más de medio siglo en su mayoría han recibido un maquiavélico lavado de cerebro; lo que detesto es el servilismo que ante ella le impuso el intergaláctico a Venezuela, ese si que es parte de su fatuo legado.

Y volviendo al tema de la isla en cuestión, un país comunista con una de las miserias gubernamentales más deplorables en la historia mundial, un fragmento de tierra caribeña que mediante un par de blasfemos hermanos gobernantes repulsivos, acabaron cual plaga con todos los recursos de ese país y de todo el que se le antojó, como un magnate despiadado y sin principios que aún teniendo esposa, sale a un burdel para despilfarrar lo que debería invertir en su hogar y salir a servirse de…. bueno, lo obvio… Y como al régimen castro-comunista la geografía, economía, política y todos los etcéteras de Cuba no les bastaron; cual vampiros insaciables en su enfermiza sed de poder, van por más y más y más, repitiendo el repudiable esquema en un país no se cuántas veces más grande que el de la rúbrica castro-comunista; es decir, este país grande donde nací, mi bella, maltratada, repudiada, confinada al destierro por las horrendas alianzas con países terroristas y comunistas; esta, nuestra patria insegura, una vejada Venezuela, nación ubicada al norte del sur.

Entonces, como decimos aquí, no sólo me provoca coger palco (pal-co, palabra que une “para” y “coño” –con el perdón de lo criollísimo del término–) o sea, irme del país a uno donde si pueda crecer personal y profesionalmente para bien ayudar a los míos, sino que anhelo despedirme de tanta avaricia reinante, de la aberrante impunidad, de la egolatría agobiante, del detrimento avasallante, de esta pata de elefante que me inmoviliza y no encuentro cómo quitar de mi cabeza por más que obedezca las leyes divinas… ¡Y es que sé que DIOS no me hizo conformista! Anhelo despedirme de tanto celo obsesivo que tienen aquellos que por mera terquedad inagotable prefieren obviar su rol verdadero, porque como gobernantes deberían ser servidores públicos a los miembros de la sociedad que presiden y no pretender ser los “héroes” dando migajas luego de quedarse las más grandes tajadas y encima de todo, como guinda de un pastel llamado cinismo, exigirle al pueblo gratitud por esas migajas que dan con gran mezquindad.

Quisiera cerrar mis ojos y estar segura que al abrirlos cuento con un país seguro, uno donde mis padres puedan pasar el resto de sus existencias en un sistema que les asegure la vida, que les provea de recursos para estar tranquilos; un país donde mi hijo pueda crecer y desarrollarse libremente, uno donde salgamos a la calle sin la paranoia que a diario sentimos porque nos pueden robar hasta el derecho a respirar, uno donde haya producción nacional porque se aprovechan óptimamente los recursos, uno donde no se tenga que hacer largas filas o colas para comprar alimentos, uno del que no me quiera ir, un país donde NO tengamos que decir “ay bueno, por lo menos gracias a DIOS no fue a mayores” y no porque DIOS no merezca gratitud, es que la merece tanto que debería ser sólo para Él, porque es a Él a quien debemos dar gracias por vivir, NO a un desgraciado malandro que “nos perdonó la vida” luego de despojarnos de aquello que nos costó años de esfuerzo, sacrificio, trabajo honesto y sudor de frente. A fin de cuentas el único que tiene el derecho de dar y quitar la vida es el mismo DIOS… Y antes que me salga un cristianoide (tal como los llama Dante Gebel) de esos que siempre salen bajo las piedras, si, es cierto, DIOS pone y quita reyes, tal como lo establece su palabra en Romanos 13, versículos 1 y 2:

Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos.

No obstante –y esta parte me termina de fascinar porque estos cristianoides a los que me refiero acá muchas veces como que se les olvida–, la palabra no termina allí… En los siguientes versículos, Romanos 13:3-5 establece algo MUY pero muy cierto, y es que no puede ser de otro modo porque viene de un DIOS cuya palabra es espada de doble filo:

Porque los magistrados no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo. ¿Quieres, pues, no temer la autoridad? Haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella; porque es servidor de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo. Por lo cual es necesario estarle sujetos, no solamente por razón del castigo, sino también por causa de la conciencia.

Pero y ¿qué pasa si el servidor es malo, si no sirve a Dios sino a su propia voluntad avariciosa? ¿Igual le debo obedecer a un abusivo violador de derechos?… Acá el tema es entonces de “la conciencia”… (¿cómo escribo y describo este suspiro que me brota al decir “la conciencia”?)… Porque ya esta es casi una extinta pieza de museo, un músculo atrofiado en el país rey de la viveza criolla pero estas dos palabritas tienen mucha tela que cortar para explayarme ahorita en ellas.

Si en algo estoy clara es que Venezuela necesita darle durísimo al botón de RESET y que el único que puede arreglar semejante desastre es el DIOS de los Ejércitos, el León de la Tribu de Judá… No es cosa fácil ajustarse a estos tiempos que atravesamos, pero debemos estar claros que andar declarando cual loros la teoría de la prosperidad y la ley de atracción proclamada por “El Secreto”, no es la solución. Necesitamos pedirle a DIOS discernimiento y sabiduría para entender los tiempos de tribulación que hoy vivimos y que, sin ser profeta del desastre, vienen mucho más duros (si no me creen, lean la Biblia…) Clama a DIOS por tu familia, por ti y por todos los que puedas, hazlo ahorita, aún hay tiempo (pero no mucho) de ir hacia donde DIOS nos quiere llevar…

Entonces, ¿sabiendo una verdad tan grande te quedarás de brazos cruzados? Creo que nada es mejor que conocer la verdad y saber cuándo te quieren coser a mentiras para alejarte o tomar las medidas que tengas que tomar.

SiLoConoces

Desde la fe…

Desde la fe

Sabes que una conversación es edificante cuando de ella extraes frases provechosas para el común, frases que por ello te resuenan en la memoria una vez que haces el balance de tu día…

Ayer estuve en el #Rodaje de @karenmartello y su nuevo tema promocional #BésameAsí. Me encontré con mucha gente trabajadora y con el emprendimiento entre ceja y ceja, gente con ganas hasta más no poder de hacer las cosas más allá de bien, más bien con toda la excelencia de quien ama apasionadamente su labor. Me encontré con varios cantantes, entre ellos estaba @nelsonarrieta7 quien junto a @liuprieto y otra chica cuyo nombre en este momento no recuerdo, nos adentramos en la conversación más típica y actual en estos tiempos de la era nacional: el contexto socio-político de Venezuela; un tema que ya es más de costumbre para estos días en cualquier reunión venezolana, indistintamente del motivo e incluso de la tolda política.

En la conversa admití de modo muy franco y sin el más mínimo menoscabo de su naturaleza reveladora, que hace algunos años (cuando se podía salir y entrar libremente en el territorio nacional, bien porque había más holgura económica y el complot gubernamental hacia las líneas aéreas no era una realidad) yo era de las que decía que, quienes se tenían que ir del país eran los malechores que destrozaban esta patria tan rica en recursos para ser una gran potencia; sin embargo, como todo en esta vida es cambiante, lamentablemente hoy soy parte de los desesperanzados, de los ansiosos por salir de este “nuevo y revolucionario” pobre país rico, de los conscientes que “a mayor preparación, menores posibilidades nos dan en esta tierra que propagandísticamente es proclamada a nivel internacional como VENEZUELA AHORA ES DE TODOS”… Sin embargo y para destintar un poco del color político que esto ya está tomando pues para nadie es un secreto lo teñida que tenemos hasta el alma con todo lo que pasa –y no pasa– en este país suramericano, retomo el timón del sensible tema para conducirlo y darle el norte que realmente quiero expresar en estas líneas…

De Nelson surgió una frase que él mismo quizá ignora el impacto que DIOS quiso causara en mí… “y desde la fe Sigo Esperando por una Venezuela Libre“, una frase tan llena de verdad, pero a la vez tan reveladora respecto a la naturaleza humana… ¿Por qué? Pues porque la “esperanza” humana NO es igual a la “fe” que DIOS quiere ver en cada uno de nosotros… La esperanza humana está basada en la expectativa de lo que, desde los buenos principios y valores deberían hacer los demás, supeditados por supuesto a la decepción porque hemos puesto nuestra confianza en el hombre; la fe es tan distante de ello que la misma Biblia la expone como “la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1), o sea que para los humanos es algo sin explicación natural: se tiene según la medida que nosotros mismos permitamos desarrollarla, aún sin poder explicarla porque no se tiene en alguien natural o humano, sino en alguien sobrenatural y divino. Y aunque a muchos nos toque como le tocó a Bart Simpson con sus muchas tareas en el pizarrón, igual que el niño amarillo de Matt Groening nos sale repetir está frase, sobretodo si nos sentimos claustrofóbicos por los obstáculos que todos conocemos hoy existen en Venezuela para poder tomar la decisión de emigrar…

Tenemos que repetir tanto “y desde la fe Sigo Esperando por una Venezuela Libre“, hasta que incluso, la hagamos canción… Hasta que se vuelva una realidad desde el fondo de cada corazón. #NoEsFácil pero, en realidad ¿quién dijo que las pruebas lo eran? Si fuesen fáciles no nos permitirían crecer.