+Adoración /-Preocupación

Sólo quien las vive, conoce sus batallas internas… Cada cual en su momento las tiene, incluso pueden desarrollarse varias en paralelo, el asunto es identificar lo que por tu mente pasa, detectar la naturaleza de esos pensamientos y sustituirlos por los que resulten positivos, es decir, aquellos que te edifican (o por lo menos, los que no te derrotan). Muchas veces nos cuesta permanecer con fe en una promesa de Dios porque nuestra lógica apunta “entender” (en su muy limitada capacidad, a diferencia de la que tiene Dios que es infinita), que los hechos nada tienen que ver con esa promesa que hasta nos puede parecer un sueño inalcanzable, olvidando que para DIOS no hay imposibles, y que si Él lo ha dicho, Él es quien lo hará… Dios te dará no sólo lo que quieres, sino lo que necesitas, y Él puede cambiar todo a tu favor, incluso mejorar alguna promesa que te dio pues siempre te dará lo mejor.

Es natural que a nuestras vidas, eventualmente vengan dudas por no ver concretados sueños o anhelos, pero es necesario recordar que para DIOS no hay casualidades sino causalidades pues para Él no existen eventos fortuitos; en mi mundo yo más bien les llamo “Diosidades”, porque Dios es experto en escribir derecho sobre líneas torcidas. Probablemente estés atravesando un momento en el que, por un lado tengas esa extraña e ilógica convicción (si nos detenemos a ver, esto es el significado de la fe) respecto a que ese sueño sucederá, pero por el otro, una cierta preocupación pues los hechos se mofan en tu cara diciéndote “ilus@, ¿no ves que todo apunta a que NO sucederá?”

Anoche meditaba sobre esto, y el Señor trajo a mi memoria uno de esos momentos (por allá por el 2007, si mal no recuerdo) de su cuidado hacia mí cuando me sanó de un dengue hemorrágico, segunda fase del dengue por una segunda picadura del mosquito portador. Como su nombre lo indica, causa hemorragias, y esto sucede en todas las mucosas que al sangrar, pueden desencadenar en un resultado es bastante grave, por no decir desalentador… Era un día miércoles y tal era el malestar que el solo contacto de mi piel con el agua que usé para enjuagarme la cara, me molestaba de un modo super desagradable y con un dolor insoportable; según el diagnóstico médico, el dengue combinado con el virus de Epstein-Barr y otro cuyo nombre no recuerdo, hicieron que mi dermis se inflamara a tal punto que TODO me molestara en grado superlativo (contacto con la ropa y/o el agua, los ruidos, el movimiento del carro, T-O-D-O me resultaba una molestia magnificada como por mil)… Mi papá decide llevarme de inmediato a un lugar de servicios médicos básicos porque ni siquiera me podía sostener en pie. Una vez allí, acostada en la camilla empecé a convulsionar, justo cuando unas enfermeras me estaban inyectado en el antebrazo. Por la misma situación de emergencia para controlar la convulsión, me cambiaban de camilla para meterme en la ambulacia y llevarme al hospital (mi papá corrió al carro para ir tras la ambulancia) y por accidente doblaron la inyección que me pusieron; esto me causó un hematoma en el brazo, uno que no terminaba de avanzar pues su hinchazón no cedía, estaba rojo y morado, y así se mantuvo el resto de la semana, sin disminuir su tamaño ni cambiar de color… Gracias a DIOS el personal médico logró controlarme la convulsión rápidamente y en el hospital me recetaron un medicamento clave para impedir que el virus y su combinación, desatara las hemorragias. Llegó el jueves y el medicamento que me curaría estaba escaso (según nos decían en las farmacias, para ese tiempo había mucha gente con dengue), mientras que el antebrazo seguía igual de hinchado. Recuerdo que papá, mamá, mi hijo y yo recorrimos las farmacias de mi ciudad buscando el medicamento; jueves y viernes lo hicimos, sin éxito alguno. También recuerdo que pasé ese sábado muy irascible por el malestar físico y por no conseguir la medicina; para colmo, la noche del sábado para amanecer domingo, padecí una fiebre de tal magnitud que me levanté de la cama a EXPRIMIR –literalmente– mi dormilona, porque la fiebre me hizo sudar a cántaros. Ese era el estatus previo a la hemorragia por todas las mucosas… y el hematoma, igualito, sólo que en ese momento se le sumaban unas pintas rosadas por todo mi cuerpo, que me causaban prurito.

Llegó el domingo. Me levanté de la cama con un poquito más de fuerzas y fue como si Dios me hubiera ordenado “arréglate y ve a la iglesia”, aunque tuviera varios domingos sin ir… Yo, renuente a ir pues no me sentía bien, no me quería arreglar, el hematoma seguía igual, no me quería ni maquillar, me picaba todo el cuerpo, además de no haber conseguido el medicamento, estuve en una breve lucha con ese mandato. Finalmente decido ir, obedeciendo, aunque de mala gana… Con mucho desgano me puse un pantalón y sweater cuello de tortuga y manga larga para que no se me viera el hematoma ni las pintas rosadas en piernas y brazos, me recogí el cabello en una cola de caballo y me puse unos lentes oscuros pues ni me quise maquillar. Durante el servicio la pastora hablaba del vuelo de las águilas y mirando a todos pero a ninguno en especifico, dijo…

¡Tú debes volar más alto que tu circunstancia…!

…pero por una de esas Diosidades, me señaló y me miró justo en ese momento, como si fuese a mí a quien le hablaba directamente. A los minutos Rebeca, la líder del grupo de adoración y alabanza empieza a cantar y a orar por los enfermos… Recuerdo haberme acercado a la pastora que estaba sentada, yo me puse en cuclillas a su lado pues no había silla allí; le tomé de la mano porque lo necesité, y minutos después, al escuchar los acordes de un tema que yo siempre había entonado junto al grupo de alabanza, le pregunté si me permitía cantarla pues era nada más y nada menos que la primera canción con la que Dios me había tocado el alma en el 2004, y mi espíritu sentió anhelo por cantarle a Él…

Curiosamente, Rebeca que estaba lejos de donde estábamos la pastora y yo, me esperaba con el micrófono extendido para entregármelo pues sabía que yo iba a entonar la adoración (de algún modo supe que DIOS le avisó, pues era imposible que nos escuchara conversar). Sin especificar todo cuanto me había pasado y me estaba pasando, yo solo atiné decirle al pueblo de Dios allí congregado…

…hoy me voy a encargar de los asuntos de Dios para que Dios se encargue de los míos…

Terminé de cantar y me devolví a mi asiento, y por esas extrañas cosas a las que no les encuentras razón, me dio por mirarme el antebrazo; no tenía la inflamación, sólo unos vestigios amarillentos (aspecto último de un hematoma antes de desaparecer por completo), tampoco las pintas rosadas en el cuerpo, el cual ya no me picaba, luego de tan sólo y a lo sumo 5 minutos que duró mi cántico… ¡5 minutos! Ese fue el tiempo que Dios tardó en sanarme, no necesité más medicamento que Él.

Fue así como Dios me recordó la clave para esperar el cumplimiento de sus promesas… Más adoración y menos preocupación, aunque todo apunte NO, aunque los hechos pretendan agobiarte, aunque no veas cambios (que no por el hecho de no verlos, necesariamente indiquen que no esté sucediendo una transformación interior, tal como una semilla cuando empieza a germinar y aún no aflora en la superficie), o estos cambios sean totalmente contrarios a la promesa, ocúpate de adorarle y no de preocuparte, al fin y a cabo PRE-ocupación es ocuparse ANTES del tiempo y, realmente hay que vivir un día a la vez…

Adorar a DIOS no es sólo cantar, o tocar instrumentos en su nombre; adorar a DIOS es hacer lo bueno, lo justo y lo agradable a Él; entender que somos hijos de un Rey con propósito de extender su reino aquí, en este paso terrenal donde no andamos por casualidad… Entonces, ¿te dispones a entregar esas cargas que con tus fuerzas jamás podrás solucionar a Aquel que es conocido como el Omnipotente? ¿Estás dispuest@ a encargarte de sus asuntos para que Él se encargue de los tuyos?

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