Claroscuro

Hay un dicho que muchas veces nos puede parecer cliché: todo pasa por algo… y aunque a veces nos incomode, no por ello deja de ser cierto; aunque millones de veces ignoremos el “por qué” o el “para qué” de las cosas, DIOS siempre tiene un propósito en todo lo que nos pasa, pese a que de momento no lo podamos ver. Hoy día aún sigo sin entender el “para qué” de un sacrificio llevado a cabo sin aparente resultado (por lo menos hasta la fecha), y lo digo así pues el jueves 4 de junio de este impredecible 2015, regresando a la que fue mi residencia en la pujante ciudad de Panamá, fui asaltada por un par de muchachitos panameños (lo sé por el acento con el que me hablaron) que no llegaba ni a 20 años… Los asaltantes se llevaron consigo mis herramientas de trabajo (computadora y su fan cooler, par de celulares, cargador portátil, mouse inalámbrico, lentes de fórmula oftalmológica, y entre otras cosas, tooooooodos mis documentos personales; sin contar con la compra de víveres que había hecho para comer esa semana); me arrebataron también un empleo que tardó 3 meses en llegar a mí y que conseguí gracias a la vicepresidente del semanario El Venezolano de Panamá, empleo en el cual sólo duré 2 semanas pues la condición para que la cadena de restaurantes (en la cual fungí durante esos 15 días como diseñadora gráfica y community manager) me diera el trabajo, era contar con los implementos para diseñar y publicar contenidos creados en sus redes sociales… Y como en los avatares diarios siempre tenemos que tomar decisiones, tenía sobre la mesa varios factores que analizar antes de determinar lo que habría de hacer en los siguientes días: sin dinero, despojada de herramientas de trabajo, indocumentada y desempleada. Estas cuatro condiciones obviamente me impedían cubrir mis necesidades básicas (techo y comida), y conservar la serenidad en un entorno totalmente ajeno y para ese momento, absolutamente hostil y plagado de gran incertidumbre.

Panamá me enseñó muchas cosas, la más importante es que su nombre se escribe con P de paciencia y quizá allí empiece a vislumbrarse el propósito de todo esto. También me reiteró el valor de la amistad, dándole la bienvenida a unas nuevas, afianzando a las verdaderas (por las que doy gracias continuamente) y desenmascarando a las ficticias (las cuales hoy son una realidad que en su momento fue parecida a golpes fuertes pero certeros, porrazos muy claros, motivos que aunque duros, se agradecen al cielo porque a nadie le agradan las falsedades). El asunto es que hoy, aunque por el momento descapitalizada y de vuelta a Jumamji-Vietnam, mis anhelos siguen intactos y al igual que mis principios, no son negociables. El meollo es que para combatir es necesario identificar al adversario, y éste en mi país es la maldad que el mismo enemigo y su legión de secuaces implacablemente aplican para atacarnos, tengamos o no parte en la elección de un caudillo que ocasionó toda esta hecatombe llamada “Socialismo del Siglo 21”.

Es obvio por qué la actual cúpula gubernamental venezolana es emisaria del mismísimo demonio. Desde hace 16 años lo es. Desde que el finado se postuló, lo es… Lástima para nuestra Venezuela que muchos no lo vieron y se dejaron deslumbrar por el discurso populista del peor sujeto que la historia contemporánea de Venezuela ha visto presidir con un servilismo absurdo y morboso al tercermundismo, por meros intereses personales, por un ego exacerbado y un afán de ser recordado como un ente de cambio para nuestro país (tan es así que aún a sabiendas de su inminente enfermedad y su inevitable desencadenamiento, dejó en el poder a un paupérrimo incapaz cuyo tamaño es monumentalmente comparable con el desastre al que nos ha obligado sobrevivir en este período tan aciago)… Y si, claro que el finado será recordado como un ente de cambio, porque fue el precursor de la división más abrupta que hayamos vivido, porque gracias a él familias enteras se han quebrado, porque rompió como ningún otro dirigente nacional los valores y la moral ciudadana colocando funcionarios con prontuarios policiales a diestra y siniestra (tal parece que este ha sido un requisito para gobernar en cualquier cargo del poder que caracteriza este socialismo del siglo 21 practicado en Venezuela), porque hizo pactos demoníacos evidentes en lo que hoy vemos (incluida la moneda de circulación nacional –“googleen” al respecto y verán sólo la punta del iceberg–), porque acabó con la Venezuela pujante que recibía extranjeros anhelantes de progreso, porque convirtió al país en el mayor exportador de venezolanos que al verse desesperados ante la falta de oportunidades, y la galopante e indetenible inseguridad, ha desencadenado un éxodo sin precedentes en nuestra historia… Es por eso que un gran porcentaje de nuestra población, la que aún es pensante (independientemente de las posibilidades económicas con las que cada cual cuente) expresa con desesperanza y resignación el querer salir del país, porque ya aquí es prácticamente imposible resistir… Y puedo continuar con más, pero ya a estas alturas es como arar sobre mojado.

Una cosa es innegable: la falta de valores nos afecta a todos y es un flagelo que sucede en cualquier lugar del planeta; además, nadie está exento. También es muy cierto que siempre nos tocará atravesar circunstancias sobre las cuales no tenemos control, lo que si podemos hacer es decidir cómo comportarnos ante ellas. Ojalá la Biblia que también estaba entre las pertenencias que me robaron y que además de leerla le daba la utilidad de convertirse en un mouse-pad mientras trabajaba, sirva de algo al par de antisociales que por carecer de valores y principios, consideró como buena la opción de hacer lo que me hicieron ese amargo primer jueves de junio.

No sé qué ha de venir pero sí sé que Dios no nos desampara, aunque trabaje en silencio y permita que atravesemos desiertos. También sé que quienes me aprecian de verdad, se alegran con mi felicidad y se afligen con mis tristezas y esa, ESA es la gente que verdaderamente cuenta, independientemente de donde se encuentren o de donde me encuentre. En medio de tanto caos existente, y provisionalmente desde esta esquina de la Costa Oriental del Lago de Maracaibo, hoy expreso mi celebración al poder saber quiénes son esas amistades verdaderas y me abro a lo bueno que está por venir, convencidísima una vez más que en el valle o en la cima todo es temporal.

La vida está llena de momentos agridulces, conformada por un caleidoscopio de vivencias, atestada de una grandiosa variedad de sentimientos y emociones que nos recuerdan cuán imperfectos y humanos somos… Si nos detenemos por un momento podremos entender que para experimentar la felicidad es necesario vivir la tristeza; para saborear el éxito es necesario sobreponerse al fracaso; para comprender el significado de la luz es necesario conocer la oscuridad… Así que aquí continúo, viviendo, observando con detenimiento, sin prisa pero sin pausa, los matices del claroscuro de la vida terrenal en la que soy y seré siempre una extranjera de paso.

Hasta una próxima oportunidad…

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