Me duele todo el cuerpo

Este sentir es el de muchos venezolanos que, amén de sabernos ciudadanos de una tierra privilegiada en recursos, paisajes, ubicación geográfica y todos los pinceles que DIOS empleó cuando creó a esta nación, sentimos dolor en el cuerpo, en el alma y en el espíritu, porque lo sepamos o no, somos seres tripartitos, equivalentes a la esencia de DIOS (Padre, Hijo –representado en Jesucristo– y Espíritu Santo), por tanto, a eso se refieren las escrituras cuando dicen que fuimos creados a su imagen y semejanza… No obstante, el dolor nos tiene invadidos y divididos, separados de esa fuente divina que anhela vernos prosperados en todo; sobrevivimos en medio de circunstancias que nos afianzan en el dolor por lo que otros tantos libres albedríos tergiversados, aplican en un libertinaje a ultranza, uno en el que caemos todos justos por pecadores.

Me duele todo el cuerpo es una expresión que brota de muchos corazones conscientemente apesadumbrados de tanto pecado e idolatría que al norte del sur latinoamericano, la ambición ha venido sembrando mediante inescrupulosos sistemas fraguados por un enemigo que se disfraza de muchas formas y se visualiza mediante diferentes sistemas, pero que tiene toda la eternidad para llevar a cabo una apuesta infinita: perder a costa de lo que sea las almas de toda la humanidad. Me duele todo el cuerpo es una afirmación enfocada en la iglesia de Cristo que es la novia de Jesús, pero que en estos tiempos vive distraída, ensimismada y alejada de la verdad. Me duele todo el cuerpo es la representación de lo poco acertada que hoy se muestra la visión de los cristianos que viven un evangelio light en el cual su único compromiso es vivir por el que consideran su bienestar.

Estas líneas que hoy escribo fueron inspiradas por el dolor expresado en unas líneas que leí en el Facebook de Elsa Cedeño, y a través de ellas sentí una invitación a compartir algo que considero sumamente importante para todos los que en la sangre llevamos a DIOS mezclado con el tricolor nacional, sea que estemos dentro del país o vivamos en el exilio; sea que transitemos por estas calles o padezcamos una justicia injusta al ser encerrados por anhelar un mejor lugar para todas las familias de Venezuela. Estas palabras van para la diversidad que lleva Venezuela en su extensa y diversa geografía, lugar donde se manifiesta un dolor que se manifiesta en el cuerpo, pero que no es allí donde se queda pues se va expandiendo como un cáncer maligno, humanamente imposible de desarraigar.

Me duele todo el cuerpo que es mi país…

Me duele la cabeza sin profundidad en los pensamientos, sin capacidad para buscar salidas, sin creatividad para idear futuro…

Me duelen los oídos de tanto escuchar a los hermanos de esta nación carentes de audición para escuchar palabras sensatas…

Me duelen los ojos de observar a quienes sin visión, viven empeñados en NO ver los errores de aquellos que les han consumido las ganas de surgir y prosperar en todos los sentidos… Gente que según su estrato social ha vendido sus almas por un pedazo de pan, un artefacto eléctrico o un carguito en cualquier poder teñido o mejor dicho, manchado de rojo…

Me duele la lengua de tanto pedir que se levanten políticos íntegros y decentes, y que estos a su vez motiven al levantamiento de mucha gente capaz pronunciar palabras cuerdas que logren generar esperanza de la buena, y que entre ambos bandos se genere una fe inquebrantable en el único capaz de generar un cambio positivo para cualquier sociedad: DIOS…

Me duelen los brazos de tanto procurar levantar a inertes nada ávidos de detener la injusticia, de procurar cerrar las manos que se empuñan para golpear implacablemente a los más indefensos soñadores, esos cuyas armas son consignas, banderas y pasión por ver el renacimiento de un país mejor…

Me duele la impotencia de tantas deformaciones y abominaciones socio-políticas y económicas de este pobre país rico… ¿Qué le estamos dejando a las generaciones venideras? ¿Qué es lo que vemos en estos días? Me duele ver a una sociedad nadando en un detrimento que pareciera oscuramente indetenible…

Me duele el pecho de tanto vacío nacional, de tristeza por ver vientres planos a causa del hambre sostenida, de esta gran decepción que me causa ver tantas piernas y pies inmóviles, sin rumbo ni destino…

Me duele tanto este cuerpo mío con el nombre de patria al que solo le queda el derecho de soñar…

Pero el dolor tiene que ser pasajero, porque nada es para siempre salvo el amor infinito de DIOS por la humanidad; porque algo tiene que pasar ante tanto mal nacional, algo que humanamente no será posible resolver (como hasta ahora ha sucedido), porque ya hemos comprobado que con nuestras fuerzas NADA podemos hacer; que si no entregamos nuestras cargas a DIOS, Él respetando el libre albedrío que nos dio, NO obrará. Sin embargo hay mucho que agregar, porque Venezuela necesita gente consciente de una verdad irrefutable: no podemos dar lo mejor de nosotros si no tenemos lo mejor de nosotros para dar.

Muchas veces violamos principios por desconocerlos, pero eso igualmente no nos exonera del mal o de las consecuencias. Así lo establece la palabra, tan cierta e imperecedera, tan vigente, tan eterna:

“Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento, yo te echaré del sacerdocio; y porque olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos.”
Oseas 4:6 (Reina Valera 1960)
El conocimiento aquí, no tiene que ver con preparaciones académicas, sino con la sabiduría que viene de lo alto. Por no tener el conocimiento, por no saber vivir correctamente es que en Venezuela vivimos como vivimos; por no clamar esa útil sabiduría de lo alto que se aplica en todos los ámbitos de la vida, muchos escogieron mal a sus gobernantes y he allí la clave de tanto padecimiento nacional. El mismo libertador lo dijo muchos siglos después de haberse escrito el libro de Oseas, con otras palabras, igual de visionarias, igual de certeras:
“Un pueblo ignorante es dueño de su propia destrucción.”
Simón Bolívar
Es inevitable preguntarse ¿qué podemos hacer para cambiar y darle un vuelco positivo a tanto mal sembrado? Hace mucho tiempo escuché “las batallas que no podemos liberar de pie ante los hombres, las liberamos de rodillas ante DIOS…” Entonces, si DIOS es la solución ante tanto mal, ¿qué estamos esperando? Si nos ponemos de acuerdo y pedimos al Padre que abra los cielos para Venezuela, Él indudablemente responderá…
Pienso que al venezolano le llegó la hora de agarrar la sartén por el mango, de hacer lo propio para cambiar desde adentro y contagiar que si reconocemos a Jesús como un único y suficiente salvador personal, y afianzamos los valores que Él establece en sus escrituras, entenderemos que DIOS no es religión sino relación directa y vertical con Él porque…
SiLoConoces
Amigo, hermano venezolano, es hora que comprendamos que la tarea no es exclusiva de sacerdotes católicos, pastores evangélicos o líderes de cualquier religión que se les ocurra. El ejemplo empieza por casa y la casa en este caso es cada uno de nosotros y lo que habremos de transmitir en nuestro núcleo familiar… El cambio debe suceder desde adentro, ¡basta ya de seguir perdiendo el tiempo!
Reconozcamos que es cierto y hasta válido decir “me duele todo el cuerpo”, pero entendiendo que en el valle o en la cima, todo es temporal… Que nos duela todo el cuerpo, si, pero ahora que el motivo sea el de pelear la buena batalla de la fe, postrados ante DIOS y desechando cualquier cosa que quiera o pretenda ocupar Su lugar.
Ya es tiempo de cambiar… Es tiempo de clamar y reclamar todo lo que el enemigo le ha arrebatado a esta nación, independientemente del lugar que ocupemos a lo largo y ancho del territorio mundial, independientemente que nos duela todo el cuerpo, si eres venezolano, en definitiva te llegó la hora de actuar.
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2 comentarios en “Me duele todo el cuerpo

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